
Continúan las trastadas de los tres randas ( Cont.G-M)
-Al Lolo le está saliendo vellico en el labio debajo de la nariz, y lo tiene contrariado; pues ya había confesado en la confesión de la primera comunión que le gustaba rozarse en la fila, al entrar con la catequista a la iglesia, y ella no puso reparos en apretar las nalgas contra su culo- puntualizó el Pecas, que desde que se encuentra con el Tórtolas, no hace otra cosa que aprender porquerías.
-No le hagas caso, primo; que el otro día, después de salirse vello en el labio, se le puso duro el pito al verle las bragas azules a la prima de Cloe cuando fregaba el umbral de su puerta por la mañana, y, que hasta por la tarde no se le ablandó ni con agua fresca del pocillo, que, dicen las mujeres casadas que es milagrosa…
Los dos amigos esperaban que el Lolo soltara prendas, y se sincerizara con ellos, que, por algo se tenían por amigos.
-Se lo tuve que confesar a Donjosé, antes de comulgar, para no hacer sacrilegio, y me dijo que, como ya soy adolescente, es natural que incluso viéndole las nalgas a una hermana te lo puede poner duro, y te cuesta trabajo mear: pero, que eso no era pecado.
Así que al Monazillo no se le iba una; que cada vez que una mujer se arremangaba para fregar el umbral de su puerta se tiraba al suelo, de sopetón, y pegaba el oido al suelo como para sentir un terremoto,y seguidamente gritar
-“!Se las he guipao; las tiene negras!”




