De la ciudad alegre y barullera a la ciudad de la cultura. (Cont.)

By: juanrico

May 22 2026

Category: Uncategorized

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…Mercedes vestía faldas muy ajustadas a su talle, y un sueter de color negro haciendo juego con el color negro de su falda, de la que resaltaba sobremanera la incisión de los dos muslos que desde la cintura bajaba hasta la simetría redonda del vuelo de la misma. El sueter de color negro, que en triángulo, se descolgaba el vértice , que insinuaba la división de las dos cazoletas del sujetador de color blanco, que tan ajustado a su anatomía predisponía a ser observado con indisimulada obstinación…

“No levanta su mirada de mi escote. Tengo al señorito Jesús al alcance de mis deseos. Le rozaré su hombro derecho con el ángulo extremo de mi sweter, que al sentir el rozamiento le haría reaccionar inmediatamente” -sopesaba Mercedes las posibilidades de complacer al señorito , estudiante del tercer año de Medicina, de las Islas Canarias, que, de tan bien parecido, no resistiría a mi atrevimiento.

-“¿ su café, de la mejor marca del mercado; estoy segura que no lo rechazará, toda vez que lo he hervido con primorosa complacencia, pensando sólo para usted?”

-La verdad, que su aroma está en consonancia con su atractivo, de mujer deseada por muchos, por los que la tenemos en contacto -añadió Jesús, con indisimulada timidez, que Mercedes adivinó lo suficientemente rápida, como para atreverse a rozar el extremo del busto izquierdo con la piel del rostro del pupilo de Canarias, que, sintiendo el contacto de su rostro, acarició súbitamente su nuca para sin ningún recato la apretujó contra su pecho, al que mordisqueó al punto con tanta pasión, que , Mercedes, consciente de su arrobamiento, bajó su mano derecha, hasta la entrepierna, y rápidamente contactó con la sólida dureza de la virilidad, se sentó en su regazo, y con la maestría que confunde la sutileza del deseo, le descorrió la cremallera para suavizar la turbación de su señorito, al que con sumo tacto le ofreció su lengua a la suya, y le ayudó a acariciar la humedad del placer de mujer, con los dedos de su mano…
* * *
-“Me tengo que ir; mi examen trimestral de Anatomía la tengo a las doce. No quiero dejar estos momentos, al tiempo que le separa las piernas, y avanzaba sin ningún arrobamiento hasta alcanzar la intimidad húmeda de su entrepierna, separando con dedos temblorosos el suave tacto del tejido de algodón de su slip de inglésa o francesa, que, sin ningún reparo consiguió levantar a Mercedes hasta que sus carnosos labios estuvieran al mismo nivel de la hendidura de la reservada intimidad de la femenina distinción, que rezumaba sin interrupción en consonancia con la pasión que el momento requería, obedeciendo las palabras de Mercedes, que al oìdo le repetía sin interrupción -“bájame el slip hasta los talones, y dèjame que las deje caer al suelo, cariño,”-al tiempo que agitaba la dureza viril de Jesús, mientras lo introducía en su boca, para sentir las contorsiones con más sensibilidad…

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