La jauría urbana: a orillas de Islantilla (I)m

By: juanrico

Aug 19 2018

Category: Uncategorized

No doy crédito a mis ojos, pero sucedió una mañana durante mi caminata matinal a la Antilla, trayecto utilizado por veraneantes para estirar los huesos y los músculos, así como jóvenes que aspiran a batir marcas olímpicas con el cronómetro marcando tiempos a viva voz – 300m en 90’:y suma y sigue, ahora “lleva usted 500m en 120; velocidad estimada 45 km/h- a pecho descubierto, con la piel hidratada de sudor que chorrea torso abajo…me topo con el gitano que vende refrescos a pie de agua, abriendo la portezuela de su furgoneta y cargando la carretilla con el consabido bidón de latón cubierto de un aislante de politileno de color amarillo chillón. Un autónomo sin matrícula, del ámbito de la denostada “Economía Sumergida”…

-“refrescos, acuarios, sevesa, camarones”…Mensaje que desgañita guturalmente una y otra vez , sin importarle que el veraneante acabara de levantarse o de desayunar, empujando su carretilla o contratando a un joven senegalés de las pateras por poco dinero o por nada. El gitano es listo: no entiende de sindicato ni de clase social; sólo sabe que tiene que vender refrescos y gusanillos para poder dar de comer a los “churumbeles”.

En Badajoz conocen a la playa de la Antilla por el apodo de la playa del Sobaco, debido a la cantidad de pacenses que se remojan en estas aguas, y el breve saludo de levantar el brazo y enseñar el vello de la axila.

Aunque no deja de ser verdadero, a mi me encanta detenerme unos segundos con Saturniano, que no se cambia de polo en todo el verano; hombre de preguntas, que no de diálogo – se aprende más preguntando que conversando; con Mendo, antiguo alumno del Claret, que cada vez que me topo me saluda con el latinazgo de “Quo Vadis. Domine”, que repite toda vez que nos encontramos o con la frase de Cicerón “Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?”al tiempo que exhala de un partagás, del que deduce no ser dañino por no estar envuelto en papel ni llevar filtro, defendiendo el consumo de cigarrillos, tomando en consideración el fallecimiento de su progenitor más allá de los noventa y cinco en la cama del hospital, implorando por su último cigarrillo…

(Continuará)

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