
De la jauría urbana , y otras cosas. In memoria.
“ El paso del tiempo es una maldición, que se nos escapa y no podemos detener”-registro esta afirmación del escritor Fitzgerald por boca de su personaje Gatsby.
De poco me sirvió que meditara sobre una impronta entre dos adolescentes que salían del colegio a la hora de comer, que, en espontánea intención de ahondar en los secretos del incauto adolescente, la acompañante le espetara sobre cuál era su fantasía sexual a la que con más frecuencia recurría…y de cuya respuesta quedé escandalizado- “que Fulanita, tu amiga… me…la”
Fue poco después de aquel momento cuando me topé con una amiga de la adolescencia, la cual me informó que echaba de menos a su marido, tal vez después de un divorcio – inferí; que había fallecido hacía dos años de un derrame cerebral, informándome al punto de algunos pormenores del deceso…
Me quedé con un alma de estatua de mármol, casi sin aliento por la inesperada novedad, que para Merche ya era vieja, porque a pesar de los dos años de tiempo transcurrido, me confió que echaba de menos a Carlos, de cuya confesión era fácil de colegir que era sincera, pues además vestía un atuendo de riguroso luto casi como un cilicio.
Que me confesara el hecho de haberse enterrado en el pueblo no me produjo ni inquietud ni sorpresa. Quiero pensar que fue una iniciativa consensuada dentro del ámbito familiar, porque el deseo de felicidad es un deseo del deseo- la dialéctica del del Yo y el ello de volver al absoluto, según Freud- pero que nunca se consigue, ni soy de los que piensa que fuera un deseo del finado antes de morir, tomando en consideración su inesperada muerte.
Me sorprendió no tanto su interés por mi estado de salud como por la desazón que advertía mi supervivencia en sus palabras- “a unos les llega la hora antes que a otros”.
¡Un elocuente y triste , a la vez un consuelo de melancolía advertí en su íntima declaración¡
“Muchas veces el ser humano intenta encontrar confort en las palabras, confiando que el menaje supere la realidad”-trato de sopesar los límites del mensaje.
De Carlos, tras un largo paréntesis desde nuestra relación de una amistad adolescente, a penas tuve noticias, salvo esporádicas pinceladas sobre su vida…que había contraído matrimonio con Merche…que trabajaba en la tesorería de la Diputación… que habían tenido dos hijos fruto de su matrimonio…y alguna que otra perla, que por respeto no menciono..
Sin embargo, cada vez que nos encontrábamos nos saludábamos cordialmente, aunque entreveía siempre alguna incomodidad que nunca intentó superar….





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