de la ciudad alegre y bullanguera, a la ciudad gris del saber y la cultura ( cont.)

By: juanrico

May 14 2026

Category: Uncategorized

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-“Señorito Jesús, los señoritos Juan y Juan Manuel desayunaron, y se marcharon para la Facultad; acabo de hacer sus dormitorios, y espero hacer el suyo a continuación…”

-“No se preocupe, Mercedes, que al punto, después de la ducha, podrá acometer la tarea de ordenar la mía…”

… “eres como el sol de la mañana, que entra por mi ventana, que entra por mi ventana; tu eres la alegría de mi vida, que yo te lo diga, que yo te lo diga” Entonaba la misma canción romántica cada mañana recordando a su marido, camionero, que perdió la vida en un accidente en la carretera cuando volvía de León, un día más de su rutina. Circunstancia que hacía sospechara Jesús que Mercedes adolecía de caricias…

* * *
…Mercedes vestía faldas muy ajustadas a su talle, y un sueter de color negro haciendo juego con el color negro de su falda, de la que resaltaba sobremanera la incisión de los dos muslos que desde la cintura bajaba hasta la simetría redonda del vuelo de la misma. El sueter de color negro, que en triángulo, se descolgaba el vértice , que insinuaba la división de las dos cazoletas del sujetador de color blanco, que tan ajustado a su anatomía predisponía a ser observado con indisimulada obstinación…

“No levanta su mirada de mi escote. Tengo al señorito Jesús al alcance de mis deseos. Le rozaré su hombro derecho con el ángulo extremo de mi sweter, que al sentir el rozamiento le haría reaccionar inmediatamente” -sopesaba Mercedes las posibilidades de complacer al señorito , estudiante del tercer año de Medicina, de las Islas Canarias, que, de tan bien parecido, no resistiría a mi atrevimiento.

– ¿ su café, de la mejor marca del mercado, estoy segura que no lo rechazará, toda vez que lo he hervido con primorosa complacencia, pensando sólo para usted?”

– La verdad, que su aroma está en consonancia con su atractivo, de mujer deseada por muchos, por los que la tenemos en contacto -ponderaba en su interior Jesús, con indisimulada timidez, que Mercedes adivinó lo suficientemente rápida, como para atreverse a rozar el extremo del busto izquierdo con la piel del rostro, aspero sin rasurar durante tres mañanas seguidas, del pupilo de Canarias, que, sintiendo el contacto de su rostro, acarició súbitamente su nuca para sin ningún recato la apretujó contra su pecho, al que mordisqueó al punto con tanta pasión, que , Mercedes, consciente de su arrobamiento, bajó su mano derecha, hasta la entrepierna, que, rápidamente contactactando con la sólida dureza de la virilidad, se sentó en su regazo, y con la maestría que confunde la sutileza del deseo, le descorrió la cremallera para suavizar la turbación de su señorito, al que con sumo tacto le ofreció su lengua a la suya, y le ayudó a acariciar la humedad del placer de mujer, con los dedos de su mano…

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