
De la ciudad alegre y diáfana a la ciudad triste y melancólica.( Cont.)
Me despedí de Marinieves aquella mañana fría de Noviembre. Me faltó tiempo para expresar mi despedida con lágrimas. JM no escatimó elogios a sus melódicas mañanas mientras se levantaba de la cama, con indisimulada pereza: “ me molestan sus canciones populares, de añejo paladar, que interrumpían la concentración de los parciales, que, a pesar de encarecidamente
rogarle que abandonara los brotes románticos de empalagosa tonalidad”- añadió JM con abierta sinceridad, aunque, reconocíamos su entrega a la hora de la pulcritud indeleble en mantener la habitación tan inmaculada como el aposento del obispo.
-“ ¡ vaya noche de cariñera que se dio ayer, señorito Manolo- a veces Marinieves no reparaba en la inoportunidad de sus palabras- que ha dejado el lavabo salpicado de borras, como el dornajo de un puerco, de color granate, como la pila del estrujón de una bodega ”-
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