Desde el confinamiento. La Peste había obligado a la prefectura de Orán a aislarse.

By: juanrico

Jul 24 2020

Category: Uncategorized

(Continuación)

.cuando el crepúsculo de la tarde había echado las cortinas en el horizonte, y Hades había cubierto la noche con un manto negro salpicado de innumerables estrellas, -de las que destaca por su brillo, la que más brilla en la constelación de Pegaso, Syrius, -sobre nuestras cabezas en el pretil de la alcantarilla del arroyo del pozo de las Bestias, apenas nos entretenía el ruido de los motores, que de tarde en tarde nos atufaban con el humo tostado de la gasolina, si bien no nos invitaba a abandonar el calor de la piedra de granito- que encendía tanto las posaderas como el delantero- acumulado durante las horas largas del sol implacable de aquel prolongado julio; Amelie se sentía espléndida con tus caricias, a la que tu brazo envolvía su cintura hasta alcanzar su pelvis derecha, con tus dedos regocijándose con la cinta elástica de su slip escueto, mientras Consuelo, Juliana, Manoli, y Maria Deliciosa observaban el brillo tintineante de las estrellas, como si pretendieran disimular los excesos amorosos de Amelie con su apolíneo galán, con el que aspiraban soñar y retozar alguna vez.

Amelie y sus amigas seguían sobrecogidas por el relato que hacía sobre la Peste en Orán, mayormente después del confinamiento de la ciudad, y sobretodo después de oír al Padre Paneloux, y su exordio a la feligresía desde el púlpito, cuya composición -apoyado con sus abotargadas manos sobre el borde del púlpito, con su cuerpo rechoncho, y en absoluto apetecible, algo inclinado sobre los fieles católicos, le traía a Amelie el recuerdo de Aristophano el día de la jira, cuando intentó retozarse con ella…

-¡ si es como Aristofano cuando habla del Comunismo en Rusia, que es como el Cristianismo, que promueve la felicidad en La tierras! -pontificó Julia, que ya cultivaba estudios en la capital.

-Si, hombre; anda que a D Aristofano no le gustan las mujeres ni ná ¡-contrarrestó la admonición de Julia, mientras observaba a Amelie, que se había enrojecido, tal vez al sopesar su entrega al prelado aquel lejano ya día de la jira…

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