La esperanza de vencer a la epidemia se desvanecía; sin embargo… ( continuación)

By: juanrico

Feb 03 2021

Category: Uncategorized

-Yayo, tú crees que el Cordobés estará abierto?- preguntó el Curiana- Con lo que le gusta el alcagüeteo, no creo que cierre tarde- le contestó el Yayo.

(Continuación)

… tanto el dr. Rieux como su amigo Tarrou habían decido sortear la vigilancia de las puertas de la ciudad y trepar por la escollera hasta alcanzar la playa, de tal manera que, muy aliviados de la opresión que la epidemia imponía a sus conciencias, decidieron refrescar sus lacerados cuerpos y mortificadas almas por la pertinaz epidemia en las frescas aguas del otoño de la bahía, la tenue luz de la luna llena dibujaba los cuerpos desnudos, que abrazaban las olas en un inmenso mar, que en el horizonte se confundía con el cosmo moteado de estrellas, al tiempo que el frescor del aire les alejaba de la pestilente atmósfera de Orán.

-te siento ausente, Amelie¡- reproché su ausencia al oído, mientras apretábamos el brazo a nuestros cuerpos, como si quisiéramos compartir la escena del dr.Rieux y su amigo Tarrou en las aguas tibias de la bahía.

-No; no es nada¡ -replicó Amelie algo turbada; tal vez para verse obligada a disimular…

Con un indecente descaro, el Cordobés, mientras llenaba los vasos vacíos con vino de pitarra de la bodega Dávila de la vecina Esparragosa, manteniendo una botella verde de cristal con la mano derecha, escondía bajo la axila izquierda una botella de marca La Casera, desde la que rellenaba los siete vasos con gaseosa, fijaba sus fisgones ojillos de voiyeur en el indiscreto escote de Amelie.

-¡ Santiaago, ya está bien de conversación, y atiende al Pollo, que lleva una hora pidiendo que le rellenes el vaso¡ -le conminaba su cetácea esposa al pequeño tabernero de Navalvillar de Pela.

-¡ qué buen fichaje conquistó el Cordobés cuando estuvo en Stuggart ¡ – apostilló Mary la Deliciosa con puntual descaro, a cuya oportuna intromisión, todas asintieron con maliciosa sorna…

-¡ pues, anda que ella; un calvo enano de culo rechoncho¡-replicó Juliana convencida de los cánones de belleza del momento.

-…con los tíos altos y rubios que se crían en Alemania…¡ dijo Manoli, “la Chepi”.

-!…con los tíos buenos de allí; altos y rubios como el Peter Otoole, o como se diga, el rubio de las películas¡ -puntualizó Toñi, la hija de Cipriano, que se había unido al grupo recientemente.

-y encima le huele el sobaco, que te lo mete en las narices cuando sirve las mesas¡ -hizo una digresión muy al punto Amelie.

El dr. Rieux y su amigo Tarrou se habían sentido por momentos liberados de la peste en las aguas de la bahía.

-No durará mucho tiempo, doctor.

-No sé. (Continuará)

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