La esperanza de vencer a la epidemia se desvanecía…(Continuación)

By: juanrico

Jul 13 2022

Category: Uncategorized

…y sin embargo, el amor se sobreponía entre tanta miseria!

Tras un corto periodo de algarabía sobre la balaustrada de la caseta del peón camionero, ya abandonada desde que el operario había decidido correr mejor suerte en Madrid, sobre cuya base el calor de los rayos de sol habían calentado hasta un grado casi insoportable para las tiernas posaderas de las sedentes, el grupo de amigas de Amelie, Consolación, María la Deleitosa, Manolita, a la que cariñosamente la llamábamos “Chepi”, y no porque ella fuera cargada de hombros, aunque sopesábamos que era un heteronomio heredado de algún familiar lejano, de cuyo árbol familiar se desprendía que era sobrina por parte de padre, de la Cándida “el Caco”, Maria la Deleitosa azuzaba al resto de amigas a bajar hasta el cruce de carreteras, la de Llerena y la de Don Benito, y solazar un rato en la venta, Amelie y sus amigas insinuaban que tal apremio respondía a un deseo de su corazón, pues no hacía mucho que el R4 de Calletano, el mecánico electricista de Castuera había hecho sonar la bocina del vehículo con la finalidad de ser advertido por la misma María la Deleitosa…De todas firmas, aunque el relato sobre la Peste de Albert Camús complacía sus inquietudes intelectuales, no es menos cierto que, una vez el crepúsculo de la noche cubriera el horizonte sentía el paroxismo que sus sentidos anticipaban a mostrarme el nuevo brassière que su madre le había comprado en Don Benito…

-Tengo unas ganas enormes de enseñarte mi nuevo sujetador. Y ofreciéndome su suéter por la espalda, me invitó a que le librara de la hebilla que mantenía la prenda ajustada a su busto.

-Creo que justo detrás del broche se encuentra la marca Bra, que indica la calidad de la fábrica. Con mis dedos de la mano derecha, el pulgar y el índice, conseguí con bastante impericia, acariciar por sorpresa el pecho izquierdo, tan blanco, pero tan turgente como el pecho de la diosa Hera, que, según la mitología de los griegos, vertía su leche en el cielo, dando origen a las estrellas de la Vía Láctea.

-Con delicadeza me la estrujas, hasta que haga sentir el mismo placer de la diosa Hera, que con su leche creó el Universo -me volvió a repetir dos o tres veces, como si quisiera Amelie abundar en la repetición el irrepetible placer del primer momento.

-No tengas cuidado- balbuceé con dificultad las palabras que el arrebato me permitía con mis labios plegados a los de Amelie…

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