…cuando el baño en el mar fue una liberación de la epidemia.. (Continuación)

By: juanrico

Dec 30 2020

Category: Uncategorized

“No tuve un abuelo que me hubiera llevado a conocer el mar”- pensaba para mis adentros mientras rodeaba la cintura cimbreante de Amelie- de tal suerte que me identifiqué con la decisión de esquivar el confinamiento por parte del doctor Rieux y Tarrou, el cual había confesado su odio a la pena de muerte, y por consiguiente a la profesión de su progenitor, el juez, que decidía si un hombre debería morir o seguir con vida, al tiempo que confesaba su amistad por Rieux, y acordaron trepar por la escollera para bañarse en las aguas tibias de otoño de la bahía… me propician la escena del mar de destellos plateados de los reflejos de la luna llena, que se hinchaba para seguidamente encogerse y retroceder inmenso al tenebroso infinito, en un armonioso y acompasado rugido de sus aguas, como un lecho placentero de acogida.

De pronto nos sobrepasó el Ford negro de Diego Manso dentro del cual viajaba don Camillo, que iba a tomar café en la acogedora taberna de la Adela.

-Ya podía Diego Manso cambiar la chatarra, por uno nuevo -argumentó Perico con sentido de la oportunidad.

-! Ya está bien por hoy¡ – exclamó el Yayo, un poco verde de envidia, observando mi apancalamiento con Amelie, en nuestro apresurado caminar hasta la taberna del Cordobés…

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