La Nueva Normalidad nos ha confinado las ideas.

By: juanrico

Aug 31 2020

Category: Uncategorized

Los enfermeros, los médicos y los enfermos del hospital de Orán, aunque no estaban muy convencidos de la efectividad del uso de la mascarilla dentro del recinto, que supuestamente aliviarían los temores a infectarse de los internos, admitían la incomodidad de su uso…

-obligar a todo el mundo a usarla por la calle hubiera supuesto una agresión a la libertad de los ciudadanos de Orán -argumentó Juliana muy convencida de su opinión.

-Yo no creo que se atreva la Prefectura a tomar una determinación tan radical e inoportuna- puntualizó Maria Deliciosa.

-Si el gobierno de España obligara a todos a llevar un bozal, como en Orán, estoy segura que lo aceptaríamos como borreguitos, a pesar de que nos impidiera besarnos con libertad -abundó Amelie en tono rebelde. En el supuesto, claro está, que una epidemia se hubiera desatado en nuestro pueblo.

-Ni Aristófano, el cura, lo aceptaría, con lo besucón que se pone a veces -puntualizó Manoli- ocultando el sesgo de indignación, al tiempo que se acordaba de Paneloux el prelado de Orán, que llegó a defender el mal, creado por Dios, que, superado por los hombres, les facilitaría la puerta del Paraíso, condición para conocer el bien.

(“-No puedo entender prolongar el sufrimiento innecesario de un niño, cuando se espera que se muera”- sermoneó el cura Paneloux, contrariando al dr.Rieux, que defendía el suero del dr. Castle. El dr Bernard Brieux ya se había enfrentado

a Paneloux, el sacerdote, al declarar que no creía en la Creación toda vez que suponía hacer sufrir a un inocente como al pequeño Jacques, hijo del juez Othon.)

“Soy ateo, gracias a Dios”. Les traía a su memoria, con cierta carga de pedantería, el énfasis de mi admonición en el casino de Andrés, delante de los paisanos presentes en aquella noche joven, de aquel verano de mi inocencia- que por inocencia se entiende, cuando uno carece de ideas sublimes, poderosas e irreprochables- en presencia de Manolo, el Quemao, Emilio de la Fragua, Valentín el Tuerto, Hermógenes, el médico de los Olivos, Andrés, la Frasca, el Botticario Fernando, el edil el Pollo, el Capitán de los gorriatos y Juan de la Paca, Arento, y Padre Julio,- al que su demencia senil le hacía sonreír sin continencia – los cuales mostraban su particular ateísmo con descarada sorna, al escuchar al cura Aristofano reprocharme la osadía de

haber atacado a sus principios…

“¿ qué precepto o salmodio obligaba a un sacerdote frecuentar las tabernas a esas horas de la madrugada, en lugar de estudiarse el sermón de la misa del domingo? -se preguntaban para sus a dentro todos los presentes, pero que por prudente cobardía, callaban”.

(Continuará)

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