Coimbra- alegoría del tiempo (I)o

By: juanrico

Oct 28 2018

Category: Uncategorized

Aperture:f/2.2
Focal Length:4.15mm
ISO:320
Shutter:1/0 sec
Camera:iPhone 6

Lo mismo que una locomotora de vapor irrumpe con su berrido de carbón y espirales de humo hacia el cielo añil en la quietud de la lontananza, despertando a su paso el vuelo de las aves del bosque, que despavoridas resolvieron en tropel arrancar con apresurado aleteo las hojas amarillentas del otoño, el motor de gasoil de mi carruaje se adentraba en la solemnidad de la añeja y sublime ciudad culta y misteriosa, medieval y moderna, de caserones y palacios, salpicada por jardines de chopos, abedules y hayas que daban cobijo a los afanosos universitarios bajo la sombra fresca del pasado estío, el cual todavía se hacía presente a orillas del Mondego, que, sigiloso, hería con el sable de su cauce de verdes y oscuras aguas el corazón de la ciudad.

Coimbra me sedujo siempre que la visitaba. La cafetería del mismo nombre que se arrellanaba en lo alto de unas escaleras empinadas, me ofrecía una generosa acogida entre sus mesas y sillas convencionales de la época. Era el tiempo, cuando el tiempo no contaba ni superaba el deseo. Era tan vehemente el paroxismo de la pasión que visitaba el baño con el fin de guardar mis prendas íntimas y secretas en el bolso de adolescente, entre pinta labios, botes de perfume popular, pañuelos de celulosa, algún profiláctico, por si dado el caso y la oportunidad hubiera que utilizarlo, y un cuaderno de notas de clase, donde no faltaba el desodorante Tulipán Negro, cuya aroma todavía me embarga. Entrelazaba mis labios con los suyos, y bebía su saliva como si de la ambrosía de los dioses se tratara, al mismo tiempo que sus dedos y los míos trepaban inquietos como la madreselva, que se retuerce en el tronco adosado a la pared de un jardín en primavera; con indescriptible ansiedad de placer, todavía insatisfecho, esperaba que su mano se deslizara subrepticiamente entre mis piernas torneadas de belleza y de suave piel, hasta conseguir alcanzar el edén de mi sueños y sus anhelos, donde brotaba ya la fuente fresca de mi huerto.

Yo, sin embargo, la seguía, como si de una ninfa del río se tratara, recorriendo la calle de la plaza, de la calle a la plaza, de la plaza a la calle, hasta la desembocadura en el océano, precipitadamente y con el corazón saltando de gozo cuando el reloj de la alcazaba había señalado ya el tiempo de la despedida.

-“Te has retrasado un poco; te excuso la respuesta: entra. Todas están acomodadas ya en el refectorio”.

(“ El ser humano está hecho de tiempo – afirmó el filósofo alemán del Existencialismo, Kierkegard, a lo que tal vez contribuyó el Azar o el Principio de Necesaridad de (¿la creación?) del Cosmo”.

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