At Charly’s bar- Sanjuan

By: juanrico

Jun 25 2018

Category: Uncategorized

Palacio Anaya. Letras. Salamanca

Thomas estaba siendo excesivo con Alef aquella tarde de verano en el Charly’s, después de haber sufrido las consecuencias irrecuperables del cierre político de las Facultades de Letras, Derecho y Medicina durante el curso 68/69. Ya llevamos un crédito de seis rondas de cerveza, que, Pepe, el amigo camarero llevaba apuntadas en su libreta secreta, por si el dueño se percatara de la deuda. A medida que las rondas iban dando a su fin, la verborrea aumentaba en profundidad y desahogo, sobretodo por parte de Alef.

Era la noche de Sanjuan. El Barrio Garrido se había convertido en una fiesta nacional. En la plazoleta se habían amontonado en una pila enorme de muebles viejos e inservibles que iban a ser pasto de las llamas de la Hoguera de Sanjuan…

Estábamos preparando nuestro viaje a Inglaterra para recuperar el año perdido a causa del empecinamiento de los ministros tecnócratas de Franco en clausurar las facultades sin miramientos sobre las consecuencias económicas y académicas para los estudiantes.

-Este régimen es impresentable -pontificó Alef

-Pronto vamos a respirar aire puro y fresco cuando lleguemos a Hendaya, y nos olvidemos del curso perdido, -puntualizó Juan tratando de aliviar la inquietud que nos embargaba, excepto a Thomás que estaba apunto de empezar Pedagogía, una vez que terminó Magisterio en Madrid.

-!qué valor tuviste de quemar la bandera de España en plena fiesta de Sanjuan,! -acusó Juan a Alef de su osadía.

-¡No, que fuiste tú! -imprecó Alef a Juan por su argumento, mientras Thomás observaba a los dos poniendo cara de asombro.

Nos entró un canguelo tan indomable que, al ver el gentío que se agolpaba en torno al balcón en llamas, acusándonos de la fechoría, nos refugiamos en el piso de la madre de Alef y Thomás, para aguantar la tormenta.

-“Han quemado una bandera de España, y El Barrio está acordonado de grises ( la policía del régimen)”- entró el Elías, un golfete del barrio, anunciándonos del peligro al que nos exponíamos si osáramos salir…

Nos conformaríamos con observar a Ana y sus amigas desnudarse a través de la ventana de su dormitorio.

Presumía de sus pechos duros, y turgentes; y de sus muslos torneados y sugerentes, que, no se resistían a nuestros ávidos ojos de oscuro deseo, y paroxismo.

( Continuará)

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