La esperanza de vencer a la peste se desvanecía finalmente ((continuación)

By: juanrico

Jun 10 2022

Category: Uncategorized

… ya nos advirtió Kierkegard que la naturaleza del hombre es el Tempo.

…procuraba no mirar de frente a su amigo Tarrou por temor a levantar una preocupación añadida a su estado de salud. “No creo que sea el final. Hay que esperar a la tarde para comprobar que la fiebre remitía…

Mientras observaba la evolución de la enfermedad en su amigo; …que su pecho se afanaba en llenarse de oxígeno a través de las mantas, unas gotas de sudor se desprendían por la frente de su amigo…

-“Es la derrota, Rieux”¡

-“Dime la verdad, si ocurre, Rieux¡’

-Te lo prometo…

El doctor Rieux comprobaba que Los ganglios de las articulaciones se endurecían cada vez más…Tarrou apenas podía mantener los párpados abiertos, sólo esbozó una tenue sonrisa al cruzar su mirada con la de su amigo…Aquel cuerpo que tantas veces había conducido el coche por los barrios de Orán en su lucha por salvar a la gente de la epidemia, sólo era ya una máscara siniestra.

A pesar del aire fresco que penetraba por la ventana cuadrada de la noche fría de estrellas, el aire de la habitación era espeso, denso como la victoria de la muerte sobre la vida de su amigo; en aquel cuadrado de la habitación se concentraba toda la epidemia del bacilo, que ya había sido vencido en la ciudad…

-“Tienes todo preparado, Bernard?”

-“Todo está preparado, mamá¡”

Los ciudadanos que habían recibido con alborozo la apertura de las puertas de a ciudad se precipitaron con incontenible griterío hacia la estación de ferrocarril para volver a unirse con los que durante tanto tiempo habían permanecido separados; los enamorados que habían empujado al reloj del tiempo para acelerar el tic tac, ahora que se aproximaba el momento del encuentro deseaban contener su marcha para saborear con entusiasmo el momento del encuentro tanto tiempo contenido…

Asumíamos aquellos momentos de frenética ilusión de los enamorados de Oran sobre la balaustrada de la caseta del peón camionero, tanto las amigas de Amelie, las que no estaban comprometidas- lo recibían como un futuro sueño de feliz momento, como aquellas que ya habían comenzado sus incipientes escarceos, que deseaban se volvieran a repetir muy pronto, sin tener que esperar al próximo guateque del sábado en el salón del casino de Andrés…

Era, Maria la Deleitosa, que había tenido su primer contacto con un mecánico de automóviles de Castuera, como Julia, que ya intercambiaba correspondencia con un galán de la ciudad, las más proclives a adelantar el frenesí de la pasión, sin descontar a Consolación a la que Niceto, el muchacho, hortelano de adolescente, había declarado su atracción por ella, prometiéndole felicidad, y en el matrimonio…

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