Semblanza de la iglesia de Malpartida, y testigo de la vecina Zalamea.

By: juanrico

Feb 23 2020

Category: Uncategorized

Aperture:f/2.2
Focal Length:4.15mm
ISO:250
Shutter:1/0 sec
Camera:iPhone 6

Se yergue altiva, majestuosa y solitaria sobre los tejados pardos de los aposentos soñolientos de la gente sencilla. Como un galeón varado en medio del océano, a cuyos costados incólumes de piedra añada bate el fiero mar sin compasión, como si fuera el murmullo de su gente de ayer, de un pasado escrito en las nubes de otoño que coronan su espadaña, como papiros que recogen las pasiones: sus encuentros y desencuentros, que ni siquiera ya resguardan las nobles estelas funerarias, de las que un día, ya muy lejos, sirvieron de solar al suelo de pisadas dentro, de lapidarios mensajes en latín cuya inscripción inmortal duerme sobre la quilla de granito y piedras.

(Sólo la palabra es inmortal, porque sobrepasa al tiempo que, si consideramos a Kierkegard, existencialista alemán, la esencia de la naturaleza del hombre es Tiempo.)

Siempre que el viento de Poniente cunea los prados de espigas doradas, melosos, y los olivares sonríen henchidos de fruto, y los viñedos preñados de racimos suculentos de vino y mosto, nuestro emblemático bastión de historia y piedra, incólume se asienta, y como testigo centenario repasa las historias que de su gente se contaron, y aún se cuentan, desde que el fundador de la Orden de Santiago, el caballero Zúñiga, colocara la primera piedra.

Levantó altanera su atalaya, probablemente sobre los cimientos de una mezquita siniestra, que combatiera a los moros invasores de la cercana Zalamea…Y cuando la Reconquista acabara, los caballeros de la Orden de Santiago, en el destacamento de Magacela, destinaron esta fortaleza al culto de la Iglesia… (Continuará)

*

… Testigo que fuera de la campaña militar de Felipe de España, y gran rey, contra la levantisca Portugal, desde su minarete, testigo fuera del solícito capitán, que a la hija del Alcaide Crespo, enamorara, aun siendo doncella, que en aquel siglo una gran afrenta cometiera, toda vez que sin casarse por la Iglesia, no solo a Dios, sino a la Inquisición, ofendiera.

Fue el mismo alcalde, que, de honor mucho supiera, le rebanó el cogote a un apuesto capitán, de las tropas españolas, por sentirse mancillado en su honor, de caballero gentil, en su entrepiernas.

(Manda güevos)

Y colgado de la soga, en la plaza del pueblo, para que el ejemplo cundiera, el viento balanceaba el cuerpo sin cabeza, de un capitán ajusticiado, por amor, por atrevimiento y gallardía de un apuesto soldado de España, que al poder civil, ofendiera.

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