Añoranzas de aquellos ya lejanos veranos (los 60s) en Malpartida.

By: juanrico

Aug 18 2019

Category: Uncategorized

“Siempre que se intenta recuperar el Pasado, el resultado es Ficción, porque la realidad se ha transformado” – argumenta Gatzby del escritor Scott Fiztgerald.

Me complace complacer con la memoria a la memoria de los abuelos, que aún vivos, con los recuerdos, con las fotografías que languidecen con el tenue desteñido sepia de su vida, ya historia, y que mi deseo de ser transmitida a sus hijos y a los hijos de sus hijos, y de estos a los hijos de sus hijos, y así indefinidamente, hasta hacerles creadores de dioses, demiurgos -según Foyerbach- inmortales con las palabras que dan vida a su memoria.

Eran tiempos de cambio. El pueblo se había vaciado. Sus moradores hacía tiempo que dejaron su raquítica hacienda, su morada humilde, sus raíces languidecentes, y entre muchos recuerdos, su subsistencia prístina, y embarcarse no sin zozobra en una travesía a un mundo desconocido, en una ruta urbana, que, por urbana, una travesía nueva, tras abandonar el medio rural, primitivo y primario, casi patético.

La esperanza irrenunciable a conquistar el futuro les permitía superar sus incógnitas , vencer los obstáculos que el mundo desconocido encaraba, tal vez la posibilidad del desarrollo industrial les hacía albergar una esperanza real.

Ya quedan lejos aquellos años del desarrollismo de los tecnócratas del Opus Dei, aquellos veranos de vuelta a la cuna de sus orígenes, que henchidos de vanidad, de orgullo y éxito – un coche de alquiler del que presumían como propio, unos duros que les permitían beber cerveza en casa de Andrés o en la tasca de Piti, ante la admiración o envidia de los paisanos, que consumían vino peleón de las bodegas Dávila de Esparragosa, luciendo trajes de confección, de esposas, que seguían la moda en Galerías Preciados o en el Sepu.

Eran tiempos del “chiqueo” que les distinguían de los clichés locales, -chico, por aquí, chico por allá-

-! No sabes, chico, qué bien se vive en Madrid¡

-ya se habían superado las aciagas moradas del chabolismos, a las que se intentaban olvidar, y lo que es más, ocultarlas a los ojos de los Paparucos, que se obstinaban en mejorar su existencia, que se afanaban por ganarse la vida en el medio rural y hostil, que defendían la labranza como los últimos Mohicanos.

– “ ya están aquí los gi gi li po po llas” – se atrevía el Capitán, cada vez que frecuentaban su tienda, los de fuera.

– “Pero…todavía vendes el atún a granel¡ y en salazón, el arenque¡ Comida de pobres.

– !gi gi li li po po llas¡ – repetía el comerciante para sus adentros, con el fin de no molestar a los petulantes forasteros.

– !jolín, chico¡ -tienes que progresar…

– ¡Pues, sí ¡ – solía ser la muletilla del Pollo y Juan Ortiz, que importaron de Madrid, una vez que cogieron el tren para la capital por primera vez.

– “!Pues, si;Pues, sí¡” -decían el Pollo y Juan Ortiz, cuando volvieron de Madrid; cuya muletilla se hizo popular en el pueblo en aquellos tiempos, y se repetía constantemente por todos los rincones, y en todas las ocasiones.

-¡Pero entavía, no hay agua corriente! ¿ qué alcalde tenéis ? -Se atrevían los más resabiados.

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