La edad maldita

By: juanrico

Feb 25 2019

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Cuando te disponías a disfrutar de los compases de la 9ª de Bethoven de la Classica, la necesidad de recorrer los espacios de tu aposento, sorteando esquinas, evitando rincones, descalzándote de las babuchas nórdicas que cubrieron tus pies a lo largo y ancho de los pasillos del Hospital Universitario, antes mal llamado de la Infanta Cristina, recordaste los diálogos con la Parca que sostuviste durante los nueve días en la UCI del hospital universitario, al que gracias a la iniciativa de tu mujer y tus hijos y de los facultativos, fuiste trasladado desde Clideba, en evidente estado de coma, de suma gravedad, según los profesionales del hospital; los que después de una intervención de mucho riesgo, de una septicemia y peritonitis, y cuyo estado de gravedad se resistía a remitir, a pesar de los inestimables esfuerzos de devolverte al mundo de los vivos de los profesionales de la UCI del hospital universitario, y de los cirujanos de reconocida profesionalidad, a los que estarás agradecido durante el resto del calendario de tu vida, tales como el jefe de servicio y cirugía, Dr. JLJR, Dr J.S, sin olvidar a los Drs. R. y Dr. C. entre otros, de los que solo recordaste sus atuendos de bata blanca, su proximidad a tu cuerpo lánguido y desnudo, cubierto de una sábana blanca, y, entubado hasta los más recónditos huecos…siempre pendientes de la evolución de los parámetros vitales.

… El episodio de Hamlet, en el cementerio, donde cavaba la tumba de Ofelia, su amante, cuando se tropezó con la calavera de Ricock, el bufón de la corte del rey de Dinamarca, su congoja fue tan insuperable, que le llevó a exhalar el famoso soliloquio que expresaba su rebeldía ante la banalidad de la vida, la efímera existencia, y la desoladora permanencia en este mundo absurdo.

Te sentiste Hamlet en el sueño de la anestesia, mientras que tu mujer y tus hijos se derramaban en lágrimas ante tu latente y miserable estado, se despedían de tus despojos ante la tremenda realidad de mi último aliento. Tu mujer no se resistió a pedir al capellán el último bálsamo, Los Santos Óleos, para el viaje sin retorno que se presentaba.

-“No te tengo miedo, perversa Parca, pero soy consciente de que si empleas tu poder contra mi, y me matas, tu fuerza sobre mi acabará en cenizas; y como tu maldad y soberbia infinita no lo van a consentir, me devolverás al sueño de la vida de los demás humanos”.

Su respuesta es evidente: estuviste escribiendo este diálogo, convaleciente, en tu casa, con el inestimable cuidado de tu esposa, tus hijos, y los ánimos y cariño de los próximos, y de los demás amigos virtuales de las redes sociales, cuyas palabras de ánimo de tanto vigor te llenaron.

Se trataba de un sueño irreal, aunque matizado de múltiples colores, de una vegetación frondosa, de donde del cráneo vacío de Ricock flotaban filamentos luminosos, inmateriales de múltiple gama que caían en forma de campanitas azules, blancas y de color rosa sobre las claras aguas alrededor de una Charca, que según supiste, tu abuela, como una diosa del mundo clásico, a la que no tuviste la suerte de haber conocido, como Minerva o la esposa de Poseidón, se refrescaba en los calurosos días de bochornoso estío, y en primavera, cubierta de un lienzo blanco plisado, que con la brisa del atardecer se hinchaba y dejaba entrever su cuerpo glorioso, de cuyas aguas surgía un múltiple número de Ninfas y Delfos, a los que no podías reconocer, que bailaban y saltaban felices, entre los nenúfares de aquel charco, ( el Charco de María de los Santos en el curso del arroyo De la Fuente) tan dulce, de aguas tan aliviadoras, de las que te resististe a salir…

Otra dimensión de sensaciones sin sensaciones , otra inexplicable realidad virtual:¿ quizás, un sueño? ¿ tal vez el Sueño de la Eternidad?…

Y evocaste los versos de Segismundo…

-¿ qué es la vida? – un frenesí-

Una sombra, una ficción?

Que todo bien es pequeño,

Que toda la vida es sueño,

Y los sueños, sueños son.

(Calderón- versos de Segismundo en la Vida es Sueño)

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