Cuento de Navidad para mis niñas.

By: juanrico

Dec 08 2017

Category: Uncategorized

De Zafiros, Esmeraldas y Turquesas

Era ya muy tarde, y la luna, la súper luna había iluminado las sombras de la noche; sus reflejos habían realizado un prodigio: los fresnos, los abedules, las hayas, los chopos, los arces y los abetos junto con los arbustos del bosque, el siempre verde, el torvisco, el nomeolvides, los acebos, habían entonado una sonata de otoño con el aire que mecía las hojas del cerezo, del granado y del ciruelo, que se recostaban sobre el seto de la madreselva, y así evitaban el resfriado de este otoño, frío como un mar de témpanos, de hielo seco.

Dormidas estaban las niñas, tal vez en su primer sueño; el cierzo de la montaña golpeaba los cristales del ventanal, a cientos a miles de kilómetros, un pequeño gorrión volò sin descanso desde su nido, su acogedora mansión, hasta el aeropuerto; no llevaba equipaje, ni trunky, sólo lo puesto: un abrigo de plumas sencillas y marrones que su mamá naturaleza le había vestido desde el día que salió del huevo.

Alzó Sparrow el vuelo, contento, muy feliz, por haber sido encargado a ser mensajero , y llevarles a Zafirito, Esmeraldita y a Turquesita el recado de su abuelo, desde muy lejos. No le importaba el viaje ni le quitaba el sueño.

Al colarse entre las puertas correderas de la terminal de salida, chocó contra el techo amarillo, que creyó fuera azul como el cielo, perdió el equilibrio y, por suerte, cayó en el sombrero de un hombre bueno, que, al sentir el golpe, lo recogió en su mano y lo guardó en el bolsillo de dentro:

-“Pobre gorrión, tiembla de frío, tal vez de miedo”-lo guardaré aquí muy dentro, que evite el control de la aduana, y los scaners eléctricos.

-“Saque el pasaporte, señor, y lo que lleva dentro”-ya temió por la vida del gorrión el bueno del caballero

-“Mire, esto es lo que llevo”! -y al sacar al pajarillo de la faltriquera sorprendido de zozobra, el caballero cayó al suelo; el gorrión se había convertido en una estampa, una postal de Navidad con una familia -S.José, la Virgen, el Niño Jesús con la mano extendida mostraba feliz a su mascota: Sparrow era su nombre.

-“Me llamo Sparrow”- y al oír que la tarjeta de Navidad hablaba, el guardia también cayó muerto.

Llegó el médico del aeropuerto, y a los dos, al policía, y al pasajero prestó sus cuidados, y sin mucho esfuerzo los dos en sí mismos volvieron.

Ya dentro del avión, Sparrow salió de la postal y emprendió de nuevo el vuelo; tras vueltas y revueltas por el pasillo, entre los asientos, y rozando el techo, se posó junto al caballero que lo llevaba en su corazón, su bolsillo de dentro.

Al verlo el pasaje, todos chillaban y aplaudían, todos muy felices y contentos.

Al punto llegó la azafata con un plato de migas de galletas con jamón y queso,

-“que lo tome todo, que, quizás tendrá hambre, después de tan largo viaje, y de tanto tiempo sin comer”! – dijo la gentil camarera al gorrión y al caballero.

Volvió Sparrow a volar por dentro, y, de miedo muerto, se metió en la cabina del comandante, que al punto gritó

– ¿ qué hace un gorrión aquí dentro.?

– No voy a hacer nada, señor, -chip piri pi chi piri pop- voy a Cambridge a llevarle a las niñas a Zafirito, Esmeralda y a Turquesilla, que está de vacaciones con ellas, muchos besos de su abuelo, que vive muy lejos.

– Muy comprensivo el capitán de vuelo, le permitió que se quedara en la cabina hasta el final del trayecto, aunque, Sparrow volvió con el caballero, y se sentó a su lado hasta el final del vuelo.

Llegó la hora del aterrizaje, y como sus oiditos no soportaron el ruido inmenso de los motores se metió en la cabina del capitán de nuevo; sorprendido el comandante otra vez

por el intruso, le reprochó su atrevimiento, a lo que Sparrow contestó:

– Mi capitán, vengo de muy lejos, a contarle a unas niñas los recados de su abuelo, de

– España, que está muy lejos, donde viven mis amigos -Swing, Robin ,Swalow- y desayunan todas las mañanas con

las migas de pan tostado que les tira su abuelo en la yerba verde del jardín en verano y en invierno.

En esta conversación estaban Sparrow y el capitán del vuelo, cuando me despertó un golpe fuerte, un ruido extraño contra el cristal de mi ventana; y al abrir mis ojos, todavía soñolientos, con blanca nitidez de noche estrellada y clara, vi a Sparrow temblando de frío, cariño y, además de miedo posando sobre una rama del abeto a la clara luz de la luna grande, de la súper luna de este otoño.

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