
Cuando las aventuras de los tres perigallos iban a terminar…(Continuación V)
Después de haber cavilado el Pecas y el Lolo sobre la manera menos lacerante de comunicarle al Monazillo que sus correrías iban a dar a su fin después de las Navidades de aquel diciembre tan siberiano, debido a las blancas escarchas y el carámbano oscuro de la laguna, donde los patos se esforzaban sin éxito en patear la superficie, dando tumbos hilarantes, convinieron en relatar las aventuras de críos traviesos, que supusieran dejar arrumbados los recuerdos en el arcón de la memoria…‘aquella mañana en el arroyo de la Viñaromero, pescando tritones, que asamos y comimos los tres, asediados por la gula, que nos hicieron vomitar, pero sobretodo al Monazillo, que, por no darle tiempo a abrir la culera del pantalón se zurró patas a bajo, de tal suerte que se vio obligado a despelotarse en el charco, y poner a secar al sol sus calzones para no ser descubierta la fechoría en casa.; por miedo a su madre que le arrancaría las dos orejas de un tirón al levantarlo en vilo’…‘ …aquella pedrada que el pobre Monazillo recibió en todo el mocho cuando competíamos en el charco del arroyo lanzando tejolinas sobre el agua para ver quién ganaba más redondeles sobre la superficie, con tan mala suerte que uno de los guijarros del Pecas golpeó la cabeza redonda y plana, como un plato, del Monazillo, que, al mancharse de sangre las manos lloraba como una corneja, por verse morir en el arroyo sin ayuda de don Hermógenes…( !vámonos al pueblo, que don Hermógenes me cure la herida!) a pesar de que la hemorragia se había cortado con los meaos del Lolo, que, hasta la boca se llenaba con la chorrada de mi primo; a lo que el Monazillo gritaba más fuerte, por estar muy salao…‘ y la noche que le levantó la falda a la Felisita, y le vimos las bragas azules que había estrenado el domingo para la misa, y su prima la Ventura le dió un manporrazo en la cabeza, tan fuerte que lo tiró contra el alquitrán negro de la carretera y la señal negra en la cara le duró hasta el día de la jira’…‘ y del miedo que pasamos cuando don Alfredo nos tiró de las orejas a los tres para sonsacarnos quién había apedreado al perro de doña Fuensanta, que estaba pegado a una perra por el culo, y quisimos separarlos para que no sufrieran ’….(aunque no quisieron subrayar que el Tórtolas les había contado que los perros se pegan a la perra cuando quieren parir perritos)…Sin embargo, el Monazillo, con el fin de aliviar su melancolía, le espetaba a los dos compinches que ya no criarían jilgueros para vendérselos a la Inés de la Loza para revenderlos, y ganarse unas perras gordas para la feria; ni le traerían jaramagos ni lechitrenzas a los conejos blancos que el día d su cumpleaños le regalaría a la prima de Cloe, que cada año tenía los pelos más rubios y pensaba casarse con ella, después de la Comunión; ni irían con la burra parda y negra a montarla al burro de Juanillón, que se estaba haciendo rico a costa del pito de su burro, que se las trajinaba a todas…





