
“Tan estirado y vestido de negro…” se hospedaba en el mismo hotel de Jean Tarrou” (XI) ( Prosopopeya de un personaje )
(Continuará)
-Me recuerda a Othon , un personaje de La Peste: alojado en el hotel, el mismo establecimiento donde se hospedaba Jean Tarrou, el cronista amigo de Albert Rieux, tan estirado y vestido de traje negro, con dos tufos a cada lado de su calva, de nariz afilada y boca horizontal que le daba un cierto parecido a un búho, y su diminuta esposa, un ratoncito negro, a la que siempre la trataba con un usted, y sus dos hijos, Nicole y Philipe, que por su indumentaria parecían dos perros de agua, a los que siempre se dirigía con frases rotundas… (“ en la mesa no se habla de las ratas”)
Arento le había sacado gusto a la vida, por eso temía tanto a los truenos como a los relámpagos, tanto amaba a la vida que le horrorizaba que un rayo de una tormenta lo partiera en dos, y se acabaran los arrumacos y las caricias a su menudita esposa, siempre durante las siestas que no hubiera cúmulos sobre la sierra de la charca de Zalamea…
-“ ya va Arento ancá Andrés: va a haber tormenta””… y los rapaces hacían burlas descaradas del humilde humillado a veces, pellejero, toda vez que se apresuraba a protegerse bajo el pararrayos del casino. Nadie sabía si temía más a las tormentas que a Dios: una forma sutil de ser ateo.
Arento nunca jugaba a las cartas ni se le veía en misa; solamente bebía un café para hacer gasto, hasta que la tormenta se deshiciera; y, quizás por eso, Andrés del Casino, cuando lo veía distraído, arrastraba con el mango de un escobón la persiana del ventanal que daba a la plaza, y reírse de la encogida del susto que daba el pelliquero, del que, los parroquianos, los dos Gatitos y el Tuerto, estallaban de risa con la fechoría de Andrés.
(continuará)





