
De la ciudad diáfana y alegre… a la ciudad triste de la cultura (Cont)
Aquel examen parcial de literatura francesa sobre los escritores franceses del Renacimiento se lo calqué de un trabajo sobre los enciclopedistas franceses del XVIII, y Un compañero, de nombre Fernando, un reconocido “lameculos” del catedrático Cortes, le calcó el examen del mío propio, de cuya pericia le resultó muy positiva al comprobar que había obtenido un sobresaliente; en cambio, a pesar del riesgo que supuso copiar, me gratificó con un suspenso, más grande que la catedral gótica dela ciudad. De cuya situación decidí abandonar la cultura y lengua francesa para aproximarme a Pirandello al curso próximo.
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Aún no había terminado el partido de Casius Cleis cuando después de beber un vino nos dirigimos a la residencia de Amelie. La lluvia había arreciado, y tuvimos que caminar bajo las marquesinas de los pisos, por el acerado del la derecha de la avenida.
-!Qué tarde llegas; te estaba esperando aquí en la camilla.
-! La directora me había advertido que aún no habías llegado… y eran las diez y cuarto.
-ya sabes por qué, Maricarmen; no hace falta que te explique, que comprendas;
– ¿ has cenado algo, no?
-No; no he probado bocado. Me voy a tomar una ducha y me voy a meter en la cama.
– Hasta mañana y muchas gracias. Me despedí de Maricarmen de forma brusca, casi grosera. All día siguiente le presentaré mis excusas.( Cont.)
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