
Al otro lado del tiempo. Donde cuentan sus rebeldías los tres truhanes.(Cont.IV-N)
…no volvería más con él a llevar la burra al semental de Juanillón; y que además, me dejara dar voces, tan alto por las calles, como Jesús de la Chuquita, que todo el mundo sabe la hora sin llevar reloj, y no era necesario oír las campanadas del reloj de la Torre para saber la hora, pues siempre se le oían los berridos a la misma hora, a la hora de la comida- a lo mejor era el estómago suyo el que hacía de altavoz- del que los hombres del campo seguían con mucha atención para saber cuando tenían que dar de mano, y volver a casa; que debería hablar con Juanillón y decírselo en serio, que no querías una potra, que las hembras no servían mas que para parir, que no tenían fuerza para tirar del arado, y se derrengaban muy pronto, y que se les doblaban las patas traseras de miedo, cuando el burro de Juanillón se montaba encima, y no hacían más que enseñar los dientes, refregarse los de arriba con los de abajo, y echar espumarajos por la boca, y rebuznar…
-“¿ se enfadó mucho tu padre, contigo ?” -inquirió el Lolo muy interesado en la respuesta
-“¡Claro, hombre!”-no me dio los dos reales del domingo para el cine, aunque le hubiera sacado los cuartos a la Mecha, por la docena de huevos de la semana, que le compraba.
-“¡ qué suerte , la mía: que como tengo dos abuelas, y un abuelo, me escapo de la casa de mi abuela Maritere, que viste de azul siempre, y lleva un cordón de oro atado a la cintura, una cincha, como los aparejos de las mulas, pero de oro, y que mea depié, como no he visto a ninguna vieja del pueblo, y me dan abrazos en casa de mi otra abuela, que me aburren de tanto sobeo,”- presumía el Lolo, para quedarse por encima de los dos compinches.






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