
Al otro lado del tiempo.Continúan las aventuras de los tres mequetrefes (IV-I)
(Cont.)
Tanto al Monazillo como al Pecas le brillaban los ojos con más brillo de lo habitual, mientras en la sala del despacho, de baldosas rojas y zócalos pintados de discreto color cerúleo, la Tita Antonia enchufaba aquella diminuta máquina de cine, que proyectaba sobre la encalada pared frente a la ventana grande de la sala, y con las contraventanas cerradas para ver con más precisión el ir y venir de muñecos, que se movían con tanta torpeza como el cojo de la Chuquita por los cerros de Los Pelagatos cuando salía corriendo de la zorra que se llevaba a una gallina entre la boca.
-! Aatáa! – exclamó el Minazillo, al ver discurrir los muñecos de colorines sobre la pared.
– !Y son mejores que los de las películas de cine, que Hilario de a las sardinas pasaba los domingos en el matinée para los niños de las escuelas, que aplaudían como enanos siempre que Zipizape hacía una fechoría! -decía el Lolo con especial entusiasmo, al verse dueño y señor de aquel regalo de los Magos de aquel año cincuenta y tantos.
– ¿ me lo vas a dejar que hagamos cine en mi casa e invitemos a Rafael, a Pedrito, a Pepe de la fragua, a Ambrosito del Niño, al Bichito y a la Cruz, la prima del Pecas, y a mi novia, la prima de Cloe, y le de un beso?
– Tú eres tonto, Manolo: no tienes luz de día en tu casa, y ninguno quiere ser amigo tuyo; ni siquiera la prima de Cloe, que no quiere ser tu novia..! Cómo le vas a dar un beso!…





