
De la ciudad diáfana y jaranera a la ciudad triste y taciturna de la sabiduría ( excursión al Tiemblo.Cont.)
* Su recuerdo y el mío nos devolvió aquel escenario de invierno en casa de Cándida, la mesonera; a penas faltaban noches para acercarnos a la Noche Vieja de aquel año tan frío como los de invierno en Salamanca.
-“ Aquí estáis mejor, alejados de los lugareños”; ya que los vinos de la bodega de Dávila, del pueblo vecino, Esparragosa, no conseguía atemperar sus voces, que trataban de imponer su criterio unas sobre otras, a golpe del diapasón de la contundencia de la voz al criterio del más contumaz de los clientes. Por las palabras de la mesonera pude deducir que el viejo edil no abandonaba la esperanza de conseguir doblar la voluntad pertinaz de su decencia, y aceptar sus contantes insinuaciones, de cuyas impertinencias no sólo mostrábale desprecio por respuesta sino que, al ajustarse el cinturón de cuerdas de pita que sujetaba la cintura del pantalón de pana, le provocaba aún más profundamente el rechazo que manifestaba con descarada insolencia …“ a ver si por que seas el alcalde, te voy aguantar tus descarados intentos, viejo verde”-profirió la mesonera, sin pelos en la lengua, que tanto Juanito, el capitán de los gurriatos, como el Sacristán, Manolito, Bigotes y el resto de parroquianos acompañaron a Cándida con carcajadas insolentes al atrevimiento de Ángel, con un descarado y oportuno requiebro…





