
Le había propuesto a Junior, el torero de Herrera, hacer una excursión al Tiemblo, un pueblo de Ávila…
* Avanzamos por la plaza de España del Tiemblo hasta dar con la dirección de la calle y el número que Granada me había indicado en su última misiva diaria que recibía. -“No tengo tiempo para contestar a todas. No haría otra cosa, y dejaría de preparar el examen final de Historia de España” -pensaba, como reflexión responsable en mi consciencia.
Granada, que era muy provisora, aprovechando la circunstancia de que sus tíos habían salido de viaje, y no se encontraban en El Tiemblo, nos había preparado un dormitorio con dos camas, que Junior y yo íbamos a compartir aquella noche. Y como el problema de la cena no estaba previsto, Granada, que era una repostera envidiable, habá cocinado un flan tan a nuestro gusto que no tomamos otro bocado aquella noche…
Junior, se mostró poco íntimo, y se retiró a descansar a penas transcurridos unos momentos de charla con Granada sobre los últimos acontecimientos en la Universidad, una de las más levantiscas de España junto con la Complutense… -“A ver si aprendéis los de Salamanca, que llegáis a la Plaza Mayor, los Grises cierran las cuatro puertas ; y os machacan a porrazos, y detienen a los que ya tienen fichado”-recordábamos los reproches de los estudiantes de la Complutense, que viajaban a Madrid para apoyar la revuelta. Granada aprovechó la conversación, y para congraciarnos con nuestro espíritu subversivo, nos relataba la historia de un tío ginecólogo suyo: el doctor Granados, que ejercía de ginecólogo en una clínica de D. Benito, de cuya personalidad republicana era muy popular en la comarca, que, obligó al médico a asistir a la parturienta de su esposa bajo amenazas…un tal cacique de la Falange fascista, que ejercía de primer edil en el pueblo… -“Como mi mujer no salga con éxito de la intervención, le descalabro en el acto”- a cuya intervención asistió el susodicho, que empuñaba la automática mientras se realizaba la operación. La velada transcurría en una animada tertulia, cuando Granada, recostándose sobre la butaca, alrededor de la mesa redonda, que nos había servido de comedor durante la cena, se levantó el vestido de punto, de lana de coro rojo, que ella misma había confeccionado hasta mostrarnos la redondez de su rodilla derecha, y la parte interior del muslo…tan exuberante estaba, que Junior, con exquisito criterio y ponderación, se retiró a descansar con un beso a Granada y un escueto hasta luego, con un toquecito cariñoso en mi hombro izquierdo.





