
Continúan las aventuras de los tres paparuquines…(( Continuación)
Sin embargo, el Monazillo, con el fin de aliviar su melancolía, le espetaba a los dos compinches que ya no criarían jilgueros para vendérselos al Rayao para revenderlos en el mercado de Mérida, y ganarse en el trato unas perras gordas para la feria; ni le traerían jaramagos ni lechitrenzas a los conejos blancos que el día d su cumpleaños le regalaría a la prima de Cloe, que cada año tenía los pelos más rubios y pensaba casarse con ella, después de la Comunión; ni irían con la burra parda y negra a montarla al burro de Juanillón, que se estaba haciendo rico a costa del pito de su burro, que se las trajinaba a todas…




