
Continúan las aventuras de los tres Paparruquinos ( Cont.)
* -Había sospechado que las lecciones de preparación para
el examen de Ingreso de doña Pura Barroso, maestra de Don Benito, no irían a repetirse más el próximo verano, en casa de Juan Ortiz, en un patio emparrado,y con macetas de geranios que se descolgaban de las paredes, a las que Juana, una de las hijas del casero las mantenía muy frescas y verdes con el agua del aljibe, que, con ayuda de una carrucha, extraía Del Pozo, que, con tanto esmero y fuerza balanceaba el cubo y el culo orondo refregándolo sobre el brocal, no sin antes recogerse la falda entre las piernas, que casi las desnudaba con tal desparpajo y desmesura que tanto el Lolo como el Pecas descomponían la página de la Enciclopedia Álvarez. No se recataba la institutriz de mostrar sus atractivos siempre que se disponía a corregir las sencillas operaciones de aritméticas, y las faltas de ortografía sobre la Cartilla Rubio de nivel diez, y acariciaros el rostro con la desnudez y frescura de sus pechos que profusamente nos ofrecía como premio a nuestro responsable menester de pupilos inocentes. No sólo la insinuación de sus encantos nos servían para alimentar nuestra inquietud sobre la naturaleza de las mujeres, sino un perfume entre dulzón y rosa recorría su vestido vaporoso y llegaba hasta penetrar nuestro agudo olfato de niños inquietos…





