
El final de las vacaciones de Navidad de aquel invierno parecía el epílogo de las aventuras de los tres rapaces…(Cont.)
El Monazillo de alma estoica había aceptado la realidad de los hechos; pero lo que más iba a echar de menos era la paga de una moneda de dos reales de la abuela de Alliabajo con la que se congraciaba cada vez que al Lolo lo acarreaba a jugar en su corral a corretear detrás de los gallos, y a buscar los nidales en el pajar…
El talante condescendiente del Lolo no se quedaba a la zaga con tal de aliviar las penas del Monazillo, al que siempre le estaba muy agradecido por acompañarlo a casa de la abuela de Alliabajo, que siempre le manifestaba su cariño metiéndole una peseta en la faltriquera, recurriendo a un estudiado disimulo para que tanto el Lolo como el Pecas no se dieran cuenta de su generosidad…





